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El 22 de marzo de 2010, Paola Antonelli, curadora del MOMA publica en el blog del museo que la arroba, el símbolo por antonomasia de la era Internet, ha sido adquirido como un «objeto» más de la colección Arquitectura y Diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York situado en la isla de Manhattan.

Y sigo con esta nota de José Yuste Frías, que publicara en su blog al respecto.

Paola Antonelli, la conservadora jefe del Departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA (acrónimo del nombre inglés del museo: Museum of Modern Art), justifica esta nueva «adquisición» alegando en el blog del museo el «design power» que posee este símbolo. Un símbolo mundialmente conocido convertido en «a way of expressing society’s changing technological and social relationships, expresing new forms of behavior and interaction in a new world».

Fue a Ray Tomlinson, el inventor del correo electrónico en red que fue galardonado (junto con Martin Cooper, el inventor del teléfono móvil) con el Premio Príncipe de Asturias de la investigación científica y técnica 2009, a quien se le ocurrió en 1971 utilizar el signo @ para separar el nombre de usuario del nombre del servidor en la escritura de la cuenta de un correo electrónico. A pesar de que el signo @ exista desde hace siglos, mucho antes incluso de que existiera en nuestras antiguas máquinas de escribir o nuestros actuales teclados de ordenador, hoy en día circulan por Internet errores colosales sobre el supuesto origen medieval de la arroba que enciclopedias libres como Wikipedia reproducen, una y otra vez, en sus distintas versiones idiomáticas. Crasos errores paleográficos, filológicos y traductológicos, que muy flaco favor están haciendo a la historia tipográfica del uso de @ a lo largo de la historia de las lenguas románicas. Son errores que expongo todos los años al alumnado asistente a mis clases de Ortotipografía para traductores en la Universidade de Vigo y que muy pronto tendrán los comentarios que se merecen en una cuidada edición de un libro que estoy preparando.
El uso de la arroba va mucho más allá del que todos conocemos en el correo electrónico. La imagen de @ se ha convertido en auténtico icono cultural de nuestra era digital donde la cibernética imperante le otorga los mejores espacios de comunicación contemporáneos. Al identificar el icono con los nuevos medios de comunicación, miles de empresas, organizaciones, bancos, instituciones y hasta incluso partidos políticos, emplean la arroba para intentar paratraducir las cualidades benéficas de las nuevas tecnológicas que este símbolo parece llevar siempre implícitas: conexión, inteligencia y rapidez. Resulta muy curioso comprobar que incluso objetos tan unidos al papel como son los marcapáginas hayan adoptado también la imagen de la arroba a la hora de publicitar los valores simbólicos de la era digital aplicados a cualquier empresa o institución, privada o pública.
Hoy en día, en el Laberinto de los laberintos que es Internet, la arroba puede aparecer por todas partes y para todos los fines posibles e imaginables.
Podría multiplicar los ejemplos de imagen de @ ad infinitum… pero tengo que acabar este artículo y me gustaría hacerlo refiriéndome a @ como signo de escritura. Utilizar el signo @ para reemplazar palabras corrientes o aumentar su grado de sentido se ha convertido en una costumbre muy extendida. Al asociar @ con el mundo digital se realizan continuos trasvases de los valores simbólicos de la arroba a cualquier tipo de expresión digitalizada: el signo @ llega incluso a sustituir a la propia vocal «a» de forma totalmente aleatoria cuando se quiere dar ese barniz digital a lo que se está diciendo. ¿Quién, impelido por el entorno digital de la presencia física de la pantalla y el ordenador, no ha escrito alguna vez «Hol@@@@», «Buen@s noches», «Mu@@@@@@@@» cuando ha entrado en un chat, se ha despidido en un mensaje nocturno o ha querido dar un beso virtual, respectivamente? Algo que jamás escribiríamos en una hoja de papel. En cambio, en comunicación publicitaria impresa puede resultar de lo más normal.
 El uso de @ como signo de escritura ha ampliado enormemente las posibilidades de sentido simbólico de la imagen de la arroba hasta el punto de que la letra «a» de palabras extranjeras se convierta también en @ como hizo César Cuervo al escribir pl@yer en La Voz de Galicia del 09/11/2003 cuando dibujó cuatro escenas de videojugadores divididas por una cruz en cuyo centro aparecía la imagen de la arroba.
 El uso masivo de @ en la escritura puede llegar incluso a dar vida propia a la imagen de la arroba hasta convertir las propias personas en arrobas como le ocurrió al público espectador de una ficticia lucha de boxeo entre dos maneras diferentes de entender la informática, Microsoft y Linux, magníficamente puesta en escena por el ilustrador César Cuervo en La Voz de Galicia del 16/11/2003.
Pero quizás el uso de @ como signo más genuinamente español y que tantos ríos de tinta ha hecho correr (incluso aparece mencionado hacia el final del artículo que Paola Antonelli ha publicado en el propio blog del MoMA) es la idea original del uso del signo @ como marca de «no sexismo lingüístico» y elemento neutralizador del discurso no sólo en la lengua castellana sino también en las distintas lenguas oficiales del Estado español. He aquí algunos ejemplos genuinamente gallegos fotografiados estos años atrás durante la celebración del día de la Juventud en la ciudad de Vigo:
Estamos ante lo que se podría llamar la moda del «género arroba» que aboga por una neutralización masculino/femenino permanente en todo discurso, con el único fin de evitar que se le califique de machista. Seguir a ciegas esta moda puede llevar a más de una autoridad pública a escribir «miembr@s» en una comunicación oficial (tengo alguna que otra prueba, pero les invito a que me envíen más pruebas si así lo desean) y hasta llegar a decir «miembras» en público, cuando debería haberse escrito y dicho, en todo momento, «miembros» para referirse tanto a los hombres como a las mujeres que pertenecen a una determinada comunidad, institución u organismo, sea del tipo que sea. ¿Y quién no recuerda el famoso caso de «jóvenes y jóvenas»? Género gramatical y sexo no son conceptos equivalentes o idénticos. Parece que los usuarios de la lengua española han olvidado que existe el género común y epiceno. Aunque para seguimiento a ciegas de la moda del «género arroba» quiero mostrarles el que acabo de fotografiar hoy mismo. Se trata de la publicidad móvil de un centro de enseñanza privada de inglés donde no se cambia ninguna letra «a» por @ sino que se añade la arroba, con todo descaro y sin el menor pudor, a la palabra «profesor» en toda la carrocería de un coche.
Usar la arroba se he convertido en la península ibérica en una auténtica paratraducción simbólica de lo políticamente correcto. La voluntad de ser «políticamente correcto» o el miedo a no serlo bastante sigue invadiendo todavía en el siglo XXI nuestra manera de hablar y de escribir textos en papel o en pantalla y, por consiguiente, de traducirlos. El peligro está en que, con la era digital de la información lo «políticamente correcto», de por sí, nada reprochable sino excelente, se está imponiendo de tal forma que se transforma en un dogmatismo y un adoctrinamiento propios de un pensamiento único y global, herederos más bien de una filosofía totalitaria en busca del presunto terrorista intelectual que se atreva a expresarse de otra forma. Nada peor para la libertad de expresión que la imposición de lo «políticamente correcto». (Cf. la p. 67 del capítulo titulado Desconstrucción, traducción y paratraducción en la era digital que escribí en 2005 en el libro titulado Estudios sobre traducción: teoría, didáctica y profesion). Si seguimos por este camino del uso y abuso de @ puede que la arroba empiece a entrar en coma por mucho que acabe de entrar en MoMA.

Para finalizar mi artículo y abrir el debate sobre este tema del uso de @ como elemento neutralizador del discurso, citaré, textualmente, casi toda la página 88 de un libro que nadie tildaría de «machista». Me estoy refiriendo al Manual de lenguaje administrativo no sexista escrito por Marta Concepción Ayala Castro, Susana Guerreo Salazar y Antonia M. Medina Guerra, actuando esta última como coordinadora de este manual de 152 páginas publicado en 2002 por la Asociación de Estudios Históricos Sobre la Mujer de la Universidad de Málaga en colaboración con el Área de la Mujer del Ayuntamiento de Málaga.
Ahí va la cita:

En determinados ámbitos, como el publicitario, se ha puesto de moda la utilización de la arroba al final de palabra (niñ@ para hacer referencia a niños y niñas). Este signo, supuestamente englobador de las dos sexos, no es recomendable, entre otras muchas razones, porque no es un signo lingüístico, sino un símbolo utilizado actualmente; por ejemplo, en las direcciones de correo electrónico y […], para ahorrar espacio, se puede recurrir a los dobletes por medio de la barra. Por supuesto, sobra decir, que no sirve como solución en el plano oral, puesto que es impronunciable.
[…] no está de más advertir que la utilización de este recurso no se limita en muchos casos a buscar la economía gráfica, sino que en realidad pretende eludir el uso genérico del masculino (lo que es también extrapolable, en ocasiones, a la barra), para lo que, en caso de considerarse necesario, existen otros procedimientos, como los genéricos, las perífrasis, etc. Se trata, en definitiva, de una manifestación más de la equivocada asociación género-sexo y debe, por tanto, evitarse.