Conservar los sonidos

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En enero de este año di con el museo de los sonidos en peligro de extinción y ahora me encuentro con este otro museo de sonidos en peligro de extinción conservethesound.

De Estados Unidos o de Alemania, como es el caso de Daniel Chun y Jan Derksen se están encargando de rescatar todos esos sonidos del ayer.

“Lo visual domina nuestra vida. Los sonidos se quedan en un plano secundario. Nosotros queremos romper ese hábito”. “Normalmente las personas coleccionan pintura, fotografía, escultura y lo exhiben o lo llevan a un museo, pero raramente se preocupan de los sonidos”, lamentan.

“La vida de muchos objetos, especialmente en el mundo digital, es cada vez más corta. Cada vez más, vivimos en una sociedad de usar y tirar.”

Un museo que retrata la sociedad de consumo en la que estamos cada vez más inmersos en el que  no hace falta irse muy atrás en el tiempo para encontrarnos con sonidos que no volverán.

De las trincheras a Internet

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“Aquí estoy, sentado al sol en la trinchera de nuestro cuartel general. La lluvia que hemos tenido sin parar durante dos días ya ha cesado y ahora el mundo debería parecer la gloria”, escribió un día de principios de septiembre de 1914 el capitán C. J. Paterson, del regimiento británico de infantería South Wales Borderers, durante un alto en la primera confrontación del Marne. “La batalla se ha parado aquí por un momento, aunque se pueden oír en la distancia los disparos del segundo cuerpo del ejército inglés y la batalla en general. Como digo, todo debería ser hermoso y pacífico y bonito. Pero en realidad es imposible describirlo”, añade el texto.

 “Trincheras, pedazos de equipamiento, ropa (seguramente con manchas de sangre), munición, herramientas, sombreros, etc., etc., por todas partes. Pobres desgraciados yaciendo muertos por todas partes. Algunos son de los nuestros, otros son de la Primera Brigada de Guardias que pasaron por aquí antes que nosotros, y muchos son alemanes”, relata.

“Todos los setos están rotos y pisoteados, toda la hierba está pisoteada de barro, agujeros allí donde han estallado los proyectiles, ramas separadas de su tronco por las explosiones. En todas partes las mismas señales terribles, sombrías y despiadadas de la batalla y de la guerra. Ya tengo el estómago lleno de todo eso”, concluye. Paterson moriría a las pocas semanas de escribir ese testimonio, el 1 de noviembre de 1914.

Su relato es uno entre cientos de miles que se pueden consultar desde cualquier punto del planeta a través de la página web de los Archivos Nacionales británicos. No son en sí mismos una primicia: estaban desde hace más de 50 años a disposición del público y de los historiadores en el Imperial War Museum de Londres. La novedad es que ahora, con la ayuda durante meses de un puñado de voluntarios, los Archivos Nacionales han escaneado y colgado en la Red 300.000 páginas de documentos como ese, que suponen solo una quinta parte del material disponible y que van a ir poniéndose a disposición de los internautas en los próximos meses. La meta es que a final de año estén digitalizadas la totalidad de los 1,5 millones de páginas que conforman el fondo documental.

Colgar esos cientos de miles de documentos en Internet forma parte de las conmemoraciones por el centenario de la I Guerra Mundial, que en Reino Unido tienen una especial importancia.

Los archivos colgados no son cartas de los reclutas a sus familias o sus amigos. Son los relatos de los oficiales en el campo de batalla, “a veces fascinantes, a veces horripilantes”, los diarios de la guerra en el frente occidental, en Francia y Bélgica. El retrato del día a día de una guerra que se pensaba que iba a ser corta y definitiva y que fue larga, cruel y transitoria: tan solo el pórtico de la II Guerra Mundial. Una guerra en la que murieron 16 millones de personas y otros 20 millones resultaron heridas. Quizás la última guerra de soldados, la última gran guerra de trincheras y bayonetas caladas en Europa. Luego llegaría la aviación, las bombas teledirigidas, los misiles, los drones. Y con el avance de la técnica, las víctimas colaterales: los civiles muertos por error o como escudos humanos.

Los archivos están a disposición del planeta. Basta con ser capaz de superar el entramado de registros, tutoriales y aprendizajes varios que conforman el alma de los Archivos Nacionales británicos y disponer además de una conexión de banda ancha para navegar por los archivos. Pero su consulta no es gratuita: aunque la página web de los archivos no menciona cantidades y solo explica que el acceso a alguno de los documentos puede ser de pago, los medios británicos afirman que cuesta en torno a cuatro euros consultar un solo documento. Aunque se entiende que cada archivo tiene una media de 150 páginas.

En esta primera entrega se han colgado un total de 1.944 documentos digitalizados que cubren desde los primeros días de la guerra, como la primera batalla del Marne en la que el capitán Paterson describía el horror de la guerra de trincheras, hasta el final de la confrontación en junio de 1919. No todo son trágicos relatos de sangre, barro y muerte. Hay también detalles de encuentros deportivos y hasta de cenas de despedida al final de la guerra.

En opinión de William Spencer, escritor y especialista en documentos militares de los Archivos Nacionales, colgar esos diarios en Internet “permite a gente de todo el mundo descubrir por sí mismos las actividades diarias, historias y batallas de cada unidad”. Se trata, sostiene, de “un gran avance” tanto en la forma de distribuir información como en la manera de entenderla. “Es interesante porque es una forma de humanizar algo que es en sí mismo inhumano”, sostiene.

Spencer ha explicado que los documentos, que en muchos casos llevaban 45 años metidos en sus cajas, han sido digitalizados con la ayuda de 25 voluntarios que han trabajado de forma gratuita durante meses.

Ahora, los Archivos Nacionales han lanzado un llamamiento buscando voluntarios para leer esos cientos de miles de páginas y rastrear e introducir las etiquetas, los tags que permitirán a millones de personas realizar búsquedas más precisas entre cientos de miles de páginas y desmenuzar de verdad cómo esos oficiales vieron y describieron la I Guerra Mundial. “Operación Diario de Guerra: ¡Tu país te necesita!”, proclama el blog de los archivos. “El objetivo es abrir la información que ahora mismo está encerrada en los diarios de guerra y estamos buscando voluntarios que quieran etiquetar cualquier dato que encuentren, desde una persona a un lugar o una actividad”, proclaman.

“No necesitas saber nada sobre los diarios para poder participar aunque si eres bueno leyendo textos escritos a mano puede ser una ventaja”, ironiza el llamamiento de los Archivos, que han puesto en la web un tutorial de 10 minutos explicando paso a paso a los posibles voluntarios qué tendrían que hacer y cómo. El objetivo no es otro que crear una herramienta para que público, historiadores y familiares de los soldados que participaron en aquella guerra puedan saber qué pasó, día a día, en el frente occidental.

 

Fuente: http://cultura.elpais.com (18/01/2014)

Museum Of Endangered Sound

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¿Imaginan un mundo en el que nunca más podamos escuchar el inicio sinfónico de una compu con Windows 95?
¿El chirrido de la conexión dial-up?

Brendan Chilcutt ha creado el “Museum of endangered sound” como una forma de preservar los sonidos de viejas tecnologías favoritas y equipos electrónicos.

Un colección que hizo pública en enero de 2012 y que el propio Brendan plantea en un trabajo a 10 años. Una idea muy interesantes que mucho tiene que ver con otras entradas de este blog, la más cercana es 15 años no es nada.

15 años no es nada

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El proyecto en el que estoy trabajando, digitales, me lleva a recuerdos bastantes cercanos y que a la vez parecen muy lejanos. Me acuerdo que en el 97 me compré la Performance 6400, que me venía con un cdrom de AOL para conectarme un mes gratis a internet, entré en la web con Netscape, mi primera cuenta de mail fue de Hotmail y me la hice en un cyber, buscaba sitios nuevos en Altavista, pasaba horas adentro de una sala de chat. Al tiempo pasé al ICQ y después el MSN para mandarnos mensajes instantáneos con nuestros contactos; bajaba canciones de a una con un modem de 56 k con Napster, Kazaa, edonkey; seguí cantidad de blogs y tuve muchos (aún tengo); tuve una web en geocities, publiqué mis fotos en Picassa, que luego reemplacé por Pinterest; encontré amigos a los que había perdido  y me hice de nuevos en Facebook, me hice de una cuenta de  Twitter.

Uso todos los días redes sociales, me resulta imposible pensarme sin Twitter o Facebook. El mundo de los medios y las comunicaciones parecen girar alrededor de lo que millones de personas tuiteamos cada día. Muchos de los mensajes en 140 caracteres marcan la agenda política, el espectáculo y lo que ocurre en el ambiente deportivo antes, durante y después.

Pero sepan también que mientras usábamos todas esas herramientas y plataformas mencionadas arriba nos parecía imposible pensar en la idea de dejar de hacerlo. Lo mismo ocurrió con otras tecnologías, formatos y plataformas, como la videocasetera,  el CD, el diskette, el teléfono de línea, el pendrive. ¿Todavía se usa el pendrive?

La web 2.0 tiene sus propias leyes y una, tal vez de las más importantes, es que se come a sí misma. Es una de las principales características evolutivas de la tecnología.

La frenética velocidad de desarrollo técnico que posibilita Internet, los millonarios negocios que se generan alrededor de cada nueva plataforma y nuestra inagotable sed de curiosidad como usuarios, que no dudamos en saltar en segundos a cada nueva plataforma de moda que aparece en la Web. Sobrevive el más apto, hasta que muere. Y así sucesivamente. Y lo más probable es que los ciclos de vida sean cada vez más cortos.

Hoy usamos Instagram, foursquare y jugamos al adictivo Candy Crush (antes Angry Birds, antes Farmville, antes…). Ahora la posta es filmar microvideos en Vine.

¿Qué vamos a usar mañana?

 

 

 

* el disparador e inspiración de esta nota fue una leída no hace mucho de Zanoni.

Digitales

 equipete en La Plata

El lunes 20 de mayo me levanté a las 7 de la mañana y mientras me preparaba el desayuno pensaba en lo que iba a poder hacer de todo lo que tenía para hacer. Era un inicio de semana complicado, tenía que estar en varios lugares casi que al mismo tiempo. Mientras me tomaba unos mates consultando mail, y redes sociales, en facebook un amigo me comparte un evento, una charla informativa por el lanzamiento del primer concurso para el desarrollo de Proyectos de Cultura Digital. ¿eh? ¿Y esto? Existe un Centro de Producción Digital en Argentina. ¡Qué bueno! Ah, y de la provincia de Buenos Aires. Bueno, vamos a ver de qué se trata. Voy un ratito, me dije y después vemos.

El martes 27 viajé a La Plata, a pasarme el día entero en el teatro Argentino de La Plata a morirme de frío de 8:30 a 21 horas. Bueno, así contado no suena muy bien, pero fue uno de los mejores días que pasé en años. Mucha y sincera buena onda en compartir de parte de los organizadores del concurso y lo mismo con el resto de los compañeros que buscaban ganar el premio para poder desarrollar el proyecto presentado y del que ya habíamos quedado finalistas.

Entre el 20 de mayo y el 27 de agosto pasó mucho más que tres meses, pasó todo un proceso de búsquedas, de contactos, relaciones, investigación, pasó que armé el proyecto y lo presenté, quedé finalista y el 27 ese proyecto fue uno de los ganadores.

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Estos son los apuntes que me hice para el pitch del proyecto que ahora ya empiezo a desarrollar y de a poco voy a ir contando.

Digitales
Plataforma para la conservación de obras de arte tecnológico

El objetivo general del presente proyecto es crear una plataforma on-line que permita la catalogación, conservación, archivo y acceso al patrimonio cultural de obras de arte digitales.

Inicialmente el proyecto se centrará en las prácticas de video arte y de arte sonoro.

Esta plataforma servirá, en una primera instancia, para el resguardo patrimonial de Bahía Blanca, ya que hasta el momento no se han generado mecanismos de conservación de obras de arte digital a pesar de la amplia trayectoria de esta disciplina en la ciudad.

Su contenido provendrá de tres nodos, generando de este modo una red local.

El nodo central lo constituye el patrimonio de obras del Museo de Arte Contemporáneo de Bahía. Otro incluye las obras de música electroacústica presentadas en el Festival Bahía [in] sonora y un tercer nodo está conformado por las obras de video arte correspondientes al Festival Latinoamericano de Cine Independiente Bahía Blanca (FECILBBA).

Es nodo central el MAC por ser el primer museo de arte contemporáneo del país, el primero en instalar una bienal de video arte y arte sonoro, siendo sede en todas las ediciones del festival acusmático Bahia in sonora, siendo parte también del FECILBBA.

A su vez, este proyecto constituye la primera etapa de una red que se expandirá en etapas, primero en otras ciudades de la provincia de Buenos Aires, y posteriormente al resto del país.

Con este proyecto se pretende:

Generar estrategias de resguardo de acuerdo a las características específicas de las obras .

Generar un protocolo de conservación de las obras.

Generar una plataforma on – line que funcionará a la vez como ente de conservación y archivo de consulta, con diversos grados de accesibilidad.

Cada obra propone una diferente estrategia de comunicación. Cómo se quiere exhibir, cómo se quiere reproducir, cómo se quiere relacionar o interactuar con el público. El registro de estas cuestiones por parte del artista es esencial en los procesos de conservación de las obras de arte digital. La información a través del registro mediante entrevistas con los artistas que incluya todas las especificaciones vinculadas con la adecuada reproducción de la obra tales como tecnologías empleadas en su creación, tecnologías empleadas/necesarias para su reproducción; tipo de licencia, planos de montaje en caso de ser parte de instalación, estándares mínimos de calidad, entre otros, constituirán los meta-datos que contextualizan la obra.

El equipo de trabajo estará conformado por:

Como asesores:

Ricardo de Armas, compositor de música electroacústica, artista sonoro y violoncellista, jurado en la primera bienal nacional de video arte y arte sonoro del MAC Bahía Blanca, coordinador general del festival Bahía[in]sonora.

Nicolás Testoni, videoartista, integrante del equipo de Ferrowhite, jurado en la primera bienal nacional de video arte y arte sonoro del MAC Bahía Blanca, coordinador del área visuales del festival Bahía[in]sonora.

En la implementación de la plataforma:

Victoria Ganuza, ingeniera en Sistemas de la Computación por la Universidad Nacional del Sur, se desempeña como programadora free lance.