Copio y pego

La originalidad de la copia. Por qué robar a otros ya no está mal visto (*)
La revolución digital y la tendencia a celebrar la mezcla, el collage y el mashup legitiman la apropiación como acto creativo.

¿Está buscando una idea original? No pierda tiempo. Cópiela. Declárese un “cleptómano creativo” como el estadounidense Austin Kleon, autor de Robar como un artista, el manifiesto sobre creatividad que ingresó el año pasado a la lista de los libros más vendidos del New York Times.
La copia le está ganando al original. La revolución digital -que pone buena parte del conocimiento humano a nuestro alcance-, y la tendencia a celebrar la mezcla, el collage y el mashup, lograron que la copia deje de ser el oprobio del artista y se vuelva un motor de creatividad, aceptado y respetado.

La era del cover
Desde su oficina hogareña en Texas, en compañía de Milo, el perro que protagoniza el tráiler de su libro, Kleon sostiene que la vida se divide entre lo que vale la pena robar y lo que no. “Todos somos ladrones: el artista mira algo y piensa ¿vale la pena robarlo?”. En todo caso –reconoce- hay buenos y malos ladrones. “Los buenos ladrones honran, los malos degradan. Un buen ladrón toma el material original y lo transforma en algo nuevo o diferente”.
Para el escritor Leonardo Oyola, siempre alguien hizo lo que estamos por hacer: “Es verdad que todo está inventado, pero ¿por qué vas a dejar de aportar lo tuyo?”. Oyola dio este año una charla en TEDx Río de la Plata donde celebró el valor de los covers, esas nuevas versiones de canciones que inventaron otros. “Es un error quedarse esperando que se te ocurra una idea por la que vas a ser recordado –sostiene-; hay que empezar por tomar obras o ideas que te gustan, que querés y respetás, y en ese camino aparecerá tu contribución única… o no. Tu aporte puede ser solamente difundir y compartir”.
La valoración de la copia es tal que hoy se protegen los derechos de quien la ejerce. Pat Aufderheide dirige el centro de investigación sobre medios de la American University, en Washington DC, y es una militante del derecho a la copia, resguardado en Estados Unidos por la doctrina del “uso justo”, que considera válido tomar material de otros sin pagar derechos siempre y cuando se cite al autor y no se persigan fines comerciales.
Las razones para usar material de otros son variadas y van de la sátira a la crítica, desde el uso ilustrativo al periodístico. “Todas las expresiones culturales se construyen a partir de otros trabajos y, en cierto sentido, esas referencias son las que nos permiten ubicar una obra en nuestro propio universo y darle sentido”. En otras palabras, la copia colabora no solo con la creatividad del autor, sino también con la comprensión del espectador.

¿Qué copias cuando copias?
Nadie parece oponerse al pastiche o la intertextualidad pero algunos casos despiertan polémica, como la obra de Richard Prince. Este artista estadounidense, dedicado a la apropiación de fotografías, logró que su trabajo Untitled (Cowboy) -una foto de la foto tomada originalmente por un colega para una publicidad de cigarrillos- fuera la primera en su tipo por la que se pagó más de un millón de dólares en una subasta en Christie’s, en 2005. La obra de Prince fue celebrada en 2007 con una retrospectiva en el museo Guggenheim de Nueva York a la que fueron a quejarse varios de los fotógrafos cuyo trabajo Prince reproduce sin mencionarlos.
¿Qué puede copiarse y qué no? Para Oyola, “es fácil decir que te inspiraste en el cine de John Cassavetes o la música de Luis Alberto Spinetta, pero es más lindo guiñarle un ojo al lector y reconocer que te hizo feliz la película Melody o una canción de Vilma Palma e Vampiro, aunque no esté tan bien visto”.

Sí a la copia, no al parripollo
Así como ingresó al mundo del arte, la copia avanzó sin prejuicios también en los negocios, donde se llama copycat a las empresas que toman un modelo ya implementado por otros.
Santiago Bilinkis, experto emprendedor, reconoce que Officenet, la empresa que fundó en plena burbuja de internet y vendió luego a Staples, era una copia de… Staples. “Mercado libre es un copycat de E-Bay, Avenida.com -un emprendimiento que acabamos de lanzar- es un copycat de Amazon. Copiar no es malo en sí mismo, pero lo es si se copia un modelo inadecuado. Tiene sentido cuando las barreras regionales son fuertes y el negocio requiere de mucha infraestructura local. Para que sea un éxito, la copia debe ser trabajosa. Si es fácil de copiar para vos lo van a copiar otros también. No sirve copiar parripollos”.
Finalmente, como dice una famosa frase de Mary Kay Ash, fundadora del emporio de cosméticos Mary Kay: “Una docena de buenas ideas vale un centavo; su implementación vale millones”.

Pasado y futuro del machete
El interés por la copia tampoco es original. Según Pat Aufderheide “puede rastrearse hasta 1935, cuando Walter Bejamin escribió su brillante artículo ‘La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica’; y él no fue el primero en plantearlo”.
En la década pasada, un colosal trabajo del historiador Hillel Schwartz titulado La cultura de la copia reunió miles de ejemplos que prueban nuestra incómoda fascinación por los dobles, parecidos, réplicas y facsímiles. Su conclusión es que el original “es un gemelo que se esfuma”.
La era digital exacerba al máximo estas tensiones. Por cada video que se viraliza en Youtube se publican decenas de parodias o reinterpretaciones que amplifican el original y lo transforman. La web es, en cierto modo, una enorme plataforma para la copia.
Ante esa evidencia, Bilinkis propuso recientemente que las escuelas deberían no solo permitir sino promover la copia: “Habría que evaluar a los alumnos con tres reglas simples: que usen material de al menos tres fuentes, que cada cita sea acompañada del crédito correspondiente, y que el material propio y de otros se organice en una exposición bien estructurada y coherente. Cualquier estudiante que pueda hacer eso está mejor preparado para vivir en este mundo que alguien que puede repetir de memoria todos los ríos de Europa”.

Acopiar para copiar
Kleon sostiene que la mejor manera de empezar un trabajo creativo es leer el trabajo de otros: “Según una teoría económica tu salario es el promedio del salario de tus amigos. Lo mismo se aplica a las ideas. Uno es el resultado del mundo que conoce y frecuenta. La forma de ser creativo es exponerse a la mayor cantidad de ideas y no tener miedo de robar todas las que puedas”.
Para Oyola, “el cover es el paso necesario para llegar a nuestros universos propios”. Desde su perspectiva, tomamos ideas de otros para darles una forma personal o, como prefiere decir, “tunearlas”. Existe incluso, en círculos intelectuales, lo que podría llamarse una instigación al robo: “Cuando cuento que estoy escribiendo una novela sobre la cárcel, mis colegas me dicen que tengo que leer a Edward Bunker, un autor policial que fue ladrón y pasó varios años en prisión. Siempre hay lecturas para incorporar”.
En última instancia, estos tiempos parecen darle la razón tardíamente al escritor T. S. Eliot, que en 1920 publicó: “Los poetas inmaduros imitan; los maduros, copian”. Una forma consistente de terminar esta nota: la frase está tomada del libro de Austin Kleon.

 

(*) Esta nota se la copié a @soniajalfin que la publicó en La Nación, en la sección creatividad hoy, 28/12/2013

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